Pasión, Sencillez y Sensibilidad

    Victoria Acosta llegó a su restaurante; lugar donde habíamos acordado encontrarnos para conocer su parte humana y sus anécdotas empresariales en el fascinante mundo de la gastronomía y la restauración, llevaba un look descomplicado; tenis, pantalón y blusa negra, la cual se cambió de inmediato por su chaqueta de chef, antes de darle paso a la entrevista.

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    Sus ojos pequeños brillan con luz propia, reflejan un alma sencilla y sensible; una arrolladora energía positiva parece envolverla. Esta primera impresión seguro es fruto del trabajo espiritual que ha hecho durante su vida, ya que cuando le preguntamos quién era, sonrientemente respondió: “Soy una mujer espiritual, pues me he enfocado en hacer un trabajo interior muy fuerte para ser una mejor persona en mi diario vivir.”

    Se describe como una persona sencilla, “más de lo que la gente piensa, porque a algunos les da pánico invitarme a comer”, comenta entre risas la dueña de Platillos Voladores, emblemático lugar de encuentro desde hace mas de una década, de amigos y comensales en la ciudad de Santiago de Cali. Una de las cosas que más la motiva en la vida es hacer trabajo social por medio de la educación. Para ella “la semilla que siembres debe ser próspera y la educación genera prosperidad personal y social”. Es por esta razón que abandera un proyecto denominado Cocina para Todos, donde capacitan auxiliares para restaurantes de estratos uno y dos, a quienes ha visto crecer y salir adelante. Después de hablar con Vicky un par de minutos te das cuenta que esa sensibilidad que se percibe en sus ojos es real, y se ratifica aquella frase que afirma: Lo que reflejamos hacia afuera, es producto de lo que realmente somos en nuestro interior.

    Para poder conocer los cimientos que sostienen el éxito de Platillos Voladores, hay que remontarse a las experiencias de vida de su propietaria. A sus diecisiete años decidió irse a estudiar fonoaudiología a Bogotá, donde le tocó trabajar para sostenerse, dándosele la oportunidad de laborar en el área de servicios en Andrés DC y en El Patio, reconocidos restaurantes de esa ciudad. “La parte del servicio me llevó a sentir algo adentro, como un motor, una cosa que no podría describir, que te impulsa a que no quieres hacer nada más en tu vida”, dice Vicky. Pero su pasión por la cocina la heredó de su madre, quien ha sido su gran maestra. “Ella cocina como los dioses”, comenta con una dulce sonrisa en su rostro.

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    Es una convencida que la mejor manera para desempeñarse en una cocina se logra por medio de los viajes, los cuales permiten desarrollar la habilidad y la creatividad culinaria. “Creo que es la mejor escuela de todas, aprender de las personas que verdaderamente tienen la tradición gastronómica del lugar, como por ejemplo llegando a un pueblo de pescadores en el Choco”.

    Después de haber recorrido el camino como dueña de sus primeros cuatro restaurantes, se sentía cansada y no quería volver a tener uno más en su vida, situación que la llevó a vender todo. Confiesa que en ese momento tenía el alma vacía y los bolsillos llenos, razón por la cual decide emprender un viaje por el mundo, con el objetivo de aprender y volver a lle- nar su alma de energía y positivismo. Y así fue, viajó y regresó renovada, con la idea de enseñar. Decide entonces montar Victoria Regia Artes Culinarias, un pequeño local, con el concepto de tienda y taller culinario. “La gente empezó a comer lo que preparaban durante las clases, fue tal la aglomeración de comensales, que me tocó dotarlo de mesas y asientos, hasta el punto que se convirtió por si solo en restaurante”, narra con una amplia sonrisa. Esta visionaria afirma que uno de los éxitos de un negocio depende de la capacidad que uno tenga para captar qué es lo que realmente quiere la gente.

    Ante tal inusitado éxito, inició el proceso de registro de su marca, pero se llevó la sorpresa que el nombre de Victoria Regia ya estaba registrado. Preocupada, consulta con su diseñadora, y ella le comenta: “Si existe una empresa que se llama Huevos y Escobas, tú te puedes llamar Platillos Voladores”. Y sin dudarlo dije: “Ese, ese, ese es”.

    Así retomó su vida como restaurantera. “Al principio yo me dedicaba a la parte del servicio, como lo había hecho anteriormente. Manejar la cocina resultó del azar, no podía conciliar con el chef del momento y un viernes decidí despedirlo. Invité a Adiela a cocinar, ella ha trabajado conmigo desde hace muchos años, y no nos fue nada mal, pues esa misma noche mandaron a felicitar a la chef. Desde ese momento ella se ha convertido en la piedra angular de esta empresa”.

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    Para finalizar, Vicky nos confiesa que ella no ve hoy a Platillos Voladores clonado. “Prefiero verlo evolucionar permanentemente con nuevos platos”, en lo que denomina la histora sin fin, que involucra no solo el menú, sino también la capacitación y formación de sus colaboradores, quienes son contratados no por su experiencia laboral, sino por su calidad como seres humanos. Espera mas adelante poder desligarse de la parte administrativa y enfocarse únicamente en la cocina.

    Otro de los retos que vive día a día es lo que ella denomina “la historia sin fin”, es la parte que involucra la capacitación y la formación de los empleados quienes son contratados por su calidad como personas y no por su experticia laboral.

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