Editorial 4ta Edición

 

Los recientes titulares de los medios de comunicación frente al estado del Proceso de Paz han sido: “El fin de la guerra”, “Con apretón de manos, Santos y Timochenko acuerdan fin de la guerra”, “Gobierno y FARC logran acuerdo sobre fin del conflicto”, entre otros similares, refiriéndose al momento en el que se logró para el conflicto armado colombiano “el cese del fuego y el cese de hostilidades bilaterales y definitivo” entre el  Gobierno y la guerrilla de las FARC. Es innegable la importancia de este hecho para la historia del país. De acuerdo o en desacuerdo con la forma o condiciones particulares del proceso, hay que resaltar que hoy nos encontramos cerca de ponerle fin a un conflicto que duró décadas, dejó miles de muertos y desaparecidos, y millones de víctimas.

Pero este acuerdo que firmaron nuestros dirigentes con la guerrilla más antigua del mundo, no es el fin de la guerra, es tan sólo el primer paso para la construcción de la paz, que deberá ser exitosa y sostenible en el tiempo, para que podamos pasar a la etapa del posconflicto; estamos iniciando una construcción de paz, la cual recoge muchos ámbitos y retos para nuestra sociedad.

Este medio propende por el fortalecimiento del tejido social desde lo empresarial, razón por la cual visionamos una importante oportunidad económica rural que se abre paso con la firma del fin de la guerra. Los procesos de desmovilización generarán una valiosa oferta de mano de obra experta en conocimientos agrícolas. una oportunidad de oro para fortalecer la agroindustria colombiana.

Es de carácter imperativo articular las necesidades políticas con las oportunidades económicas. Es fundamental que la Responsabilidad Social Empresarial vaya de la mano con las políticas económicas,  poniendo  en marcha programas de cooperación para los campesinos, víctimas y reinsertados del conflicto armado. Que todas estas personas sean capacitadas para convertirse en comunidades sostenibles económicamente, lo que les permitirá generar los recursos suficientes para su subsistencia y aportar al desarrollo de la cadena económica  del país.

Una vez fortalecido el eslabón de la producción agrícola con la inserción de obra bien calificada, estaremos en la obligación generacional de apostarle a la agroindustria. ¿Por qué hablo de obligación generacional? Hace más de 25 años, en mi último semestre de Economía, durante una cátedra de Economía colombiana, un docente que recuerdo con gran cariño, Hugo Ortiz, nos comentó sobre lo fundamental que era para el país apostarle a la agroindustria. Si bien ciertas empresas han realizado importantes inversiones en dicho sector, hoy continuamos siendo un país con vocación agrícola y no agroindustrial. Seguimos exportando gran parte de nuestros productos del agro en forma de commodities y por ello no generamos el valor agregado en nuestro país.

Cabe también resaltar que en una Colombia sin conflicto, bajará el nivel de riesgo para los inversionistas nacionales y extranjeros. Esta situación hará que disminuya el costo de capital, lo cual aumentará inmediatamente el valor de todas las empresas.


Perfil-STANGL

 

Hermann Stangl

Director

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