“El mejor negocio es emprender en pareja”

    Manuel Tiberio Zapata, una persona tranquila, disciplinada y soñadora, decidió en 1983 junto a su esposa Omaira Ospina, montar su propio negocio, que hoy en día se conoce como pasteles “La locura”.

    Esta pareja de esposos vivía en Venezuela con sus tres pequeños hijos, tenían un hogar bien conformado y estable económicamente, pero todo empezó a cambiar un 18 febrero del año 1983, cuando ocurrió el llamado “Viernes Negro” y hubo una fuerte devaluación del Bolívar, fue a partir de ese momento que tomaron la decisión a mediados de Julio del mismo año, de devolverse a su país natal, Colombia, para mejorar su situación económica.

    “Nos vamos para Cali, lo único que yo le digo es que no le vuelvo a trabajar a nadie, así me toque hacer empanadas e irlas a vender a la Plaza de Caicedo”, estas fueron las palabras textuales que le dijo Omaira a su esposo Manuel Tiberio. Fue así, como llegaron a Cali y empezaron a crear una forma diferente de salir adelante y rebuscarse la vida sin depender de nadie; así nacieron esas masitas de hojaldre con referencia a “Los Tequeños” originarios de Venezuela, que se daban como aperitivo en todas las reuniones sociales, con la diferencia que los hojaldres de Omaira iban a tener su toque original, serían asados y no fritos como los otros.

    Sus hijos fueron de gran ayuda en esta nueva etapa que emprendían, ellos salían a venderlos a la unidad donde vivían, aproximadamente habían 500 apartamentos y los vendían a 10 pesos, así que cada uno le quedaba de ganancia 1 peso, por pastel vendido. Fue tanta la acogida de estos pasteles de hojaldre, que hicieron a Omaira, crear más recetas para ampliar las ventas. Un día cualquiera, esta mujer soñadora y llena de entusiasmo por hacer crecer su negocio, acudió donde un querido amigo llamado Jaime Cardona, quien sería alguien clave para que los pasteles despegaran como empresa de una vez por todas. Don Jaime, en ese entonces tenía su oficina en Cosmocentro y le dio un pequeño espacio en el Supermercado la 14, para vender sus pasteles, que hasta el momento no tenían nombre.

    Esta pareja de esposos, iniciaron con su primer puesto en La 14, pero Manuel Tiberio aún en este momento no veía que sus pasteles pudieran darle una buena solvencia económica para dejar su trabajo, por eso el siguió trabajando haciendo turnos en una antigua empresa donde ya había laborado.

    “Ese fue un año duro porque teníamos que atender el negocio que apenas estaba empezando, pero que veíamos que tenía buen futuro. La mayoría de las veces cuando tenía turno en la empresa de 6:00 am a 2:00 pm, yo me levantaba a las 3:00 de la mañana a preparar pasteles y a hornear, y mi señora se levantaba a las 5:00 am para continuar. Cuando mi turno era de 10:00 pm a 6:00 am descansaba hasta las 9:00 am, me levantaba y con un carrito que teníamos me iba a comprar materia prima para los pasteles. Incluso yo llevaba los pasteles al trabajo a vender a mis compañeros”.

    Con una gran sonrisa en su rostro y sus ojos tan expresivos como el color de ellos, Manuel Tiberio cuenta como fue arrancar desde cero en Colombia, después de tener gran parte de su vida organizada en Venezuela.

    El 10 de Diciembre de 1984 un año después de empezar con los pasteles y a la edad de 40 años, tomó finalmente la decisión de abandonar su condición de empleado y se dedicó junto con su esposa al manejo de su nueva y propia empresa, donde vieron gran oportunidad de crecimiento personal, económico y generación de empleo.

    La Locura, este sería el nombre con el que se bautizó la empresa un año después de iniciar formalmente operaciones. Un día soleado y de gran acogida para el segundo punto de venta, Manuel Tiberio llegó con Omaira, para supervisar como de costumbre la operación de su negocio; este día se encontraron con gran multitud de gente comprando sus pasteles, nadie quería quedarse sin el suyo.

    Parecía mentiras para ellos ver como esos pasteles eran tan apetecidos por la gente, en esos momentos escucharon a alguien que dijo “ESTO ES UNA LOCURA”, y fue ahí donde se encontraron las miradas de estos dos esposos emprendedores y con gran sonrisa y alegría en su rostro dijeron “ese es el nombre, LA LOCURA”.

    Al principio tuvieron varios inconvenientes ya que Manuel Tiberio, cuando contestaba el teléfono decía: “La Locura, a la orden” y la gente le respondía, “señor no me tome del pelo”. Entonces Manuel Tiberio, haciendo gala de su tranquilidad y diplomacia, contestaba: “No señor, esta es la empresa que vende los mejores pasteles” y así fue como se fueron posicionando, con decisión, innovación, seguridad, perseverancia y sentido social.

    “Es altiva, de muchas ideas, no se queda quieta ni un momento, tiene mucha fuerza de trabajo”, así define Manuel Tiberio Zapata a su esposa Omaira Ospina, quien con sus ideas, apoyo y el trabajo mancomunado de una familia, hoy la empresa cumplió 32 años en el mercado y cuenta con 100 puntos de venta a nivel nacional.

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